Reconoce siempre tu identidad

Normalmente en las personas se manifiestan dos extremos: creerse más o creerse menos que los demás.

En efecto, hay personas que actúan creyendo ser superiores, con un comportamiento sumamente arrogante, humillando a los demás, teniendo un alto concepto de sí mismas, contradiciendo con su comportamiento, lo que dice la Escritura: “Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, si no que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Romanos 12:3)

El creerse más que otros, es una actitud contraria a la que Jesús nos enseñó de cómo debería ser nuestro comportamiento ante los demás.

En el otro extremo, encontramos a personas que, por diferentes situaciones de sufrimiento en la vida, han sido afectadas en su misma personalidad y por las mismas situaciones difíciles con las que se haya encontrado, el concepto que tienen de sí mismos es muy bajo, desvalorándose como personas.

Cualquiera que sea la apreciación que las personas tengan de sí mismas, sólo hay una posición real existente y esa es la que Dios nos da.

La obra que Dios ha hecho en nosotros es maravillosa porque en la cruz del calvario Él compró para nosotros todas las cosas buenas, comenzando por la casa que Él nos preparó en el cielo. A esto agreguemos la sanidad física, provisión de lo material, cuidado en todas las áreas de nuestra vida, bendición

para nuestra casa, salvación para nuestra familia, somos templo del Espíritu Santo. Es decir, Dios mismo está morando en nosotros, tenemos su unción, podemos hacer uso de la autoridad de la Palabra que Él nos ha dado, la muerte no tiene ningún derecho sobre nosotros, ni siquiera los principados nos pueden amedrentar. Jesús está sentado a la diestra del Padre para interceder por nosotros:

“…antes en todas estas cosas, somos más que vencedores

por medio de aquél que nos amó” (Romanos 8:36)